COLABORACIONES

 

EL ÁRBOL TRASPLANTADO

 

De su padre heredó el amor hacia la tierra

y la cuidó con cariño confiando siempre en ella.

La madre le inculcó rectitud y lealtad:

Le dijo que hay que vivir con justicia y libertad.

 

Con estas filosofías emprendió una larga vida

y entre la gente del pueblo fue gente muy querida.

Trajinaba todo el día, entre el campo y el granero

y silbaba y cantaba como si fuera un jilguero.

 

Así pasaban los días, así pasaban los años

mientras iba envejeciendo cual los árboles del campo.

Cuando murió su mujer, su hijo lo fue a buscar

y los llevó con los suyos a vivir a la ciudad.

 

Pero el pobre labrador añoraba sus sembrados

y lloraba por las noches como niño abandonado.

Echaba  en falta el sol y los rayos de la luna.

Las horas interminables corrían una tras una.

 

Recordaba sus amigos, añoraba sus raíces,

las partiditas de cartas,  ¡ aquellos  tiempos  felices !

“ Soy viejo y desarraigado ”,  repetía sin cesar

“ Soy un árbol trasplantado, que muere en una ciudad “.

         ...

Su hijo le dijo un día: “ Deja de gimotear ;

si no cambias de actitud,  ¡ a tu casa volverás !“.

El nieto también le habló:  “ abuelo, ten más cuidado

porque rompes lo que encuentras: vasos, cazuelas y platos.

 

Si continúas así, mi madre se va a enfadar.

Tendrás que volver al campo; muy lejos de la ciudad.

         Yo no quiero que te vayas, pues desde que estás conmigo

quiero que sepas, abuelo, que eres mi mejor amigo “.

         ...

 

Una lágrima furtiva,  el abuelo se secó.

Besando al nieto querido, de esta manera le habló:

“ Si soy tu mejor amigo y me quieres de verdad

¡ vamos a romperlo todo !   ¡ quiero volver a mi hogar !

porque quiero reencontrar lo que tengo abandonado

sin  sentirme nunca más como un árbol trasplantado “.

 

JOSÉ GARCÍA GARCÍA. 

 Adaptación, Conchita Balcells. Asociación de Jubilados y  Pensionistas El Masroig. Tarragona.